Prevén más dietas a base de insectos

De acuerdo con cálculos de la FAO, en el mundo tendremos que alimentar a más de 9,000 millones de personas para el 2030, esta cifra aunada a los miles de millones de animales de granja y de compañía que criamos anualmente hacen necesario replantear de dónde obtendremos el alimento necesario para satisfacer nuestras necesidades nutricionales y la de los animales que nos acompañan en el planeta.

Pensar en una expansión de la superficie agrícola supondría destruir más bosques y selvas, lo que agravaría el cambio climático; por otra parte, el incremento de la superficie requeriría de una mayor disponibilidad de agua, lo que es impensable en función de la crisis que atravesamos ante la escasez del recurso hídrico. Adicionalmente, sabemos que los mares están sobrexplotados, por lo que sólo nos quedaría comer algo tan abundante como insectos. Y, ¿por qué no?

Desde hace unos años, la misma FAO ha generado una iniciativa para buscar posicionar la entomofagia (se llama así al hecho de que los humanos consuman insectos en su dieta) en el gusto de las poblaciones donde esto no es común. Cerca de la cuarta parte de la población mundial incluye insectos en su dieta como una parte de su herencia gastronómica.

Los insectos son una excelente fuente de proteínas y nutrientes de alta calidad en comparación con las carnes y el pescado. En un plato a base de insectos encontrará, además de un buen contenido de fibra, una cantidad considerable de ácidos grasos (omega-3, como en el pescado); también le proporcionarán micronutrientes como cobre, hierro, magnesio, fósforo, manganeso, selenio y zinc.

Adicionalmente a los beneficios nutricionales, habrá que pensar en función de la conservación del ambiente que la producción de proteína de insecto es muy eficiente, produce mucho menos gases de invernadero, requiere mucho menos agua y pueden producirse a partir de desechos biológicos lo que evita el sobreuso del suelo.

Se consumen cerca de 1,900 especies de insectos en el planeta, como hormigas, chapulines, chinches, avispas, ente otras; el sur de nuestro país cuenta con una añeja herencia cultural de consumo de insectos. ¿Listo para el cambio de paradigma?

Fuente: José Manuel Vázquez (vía Milenio)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

CAPTCHA ImageChange Image